Baja California

Haitianos quedan atrapados en la informalidad en Tijuana

La comunidad haitiana en Tijuana enfrenta una realidad cada vez más compleja: aunque muchas personas llegaron a México buscando refugio, estabilidad y una oportunidad para reconstruir su vida, la falta de documentos migratorios suficientes las mantiene atrapadas en la informalidad laboral.

En los cruceros de la ciudad, entre el tráfico, el calor y la prisa de los automovilistas, trabaja Alex, una mujer haitiana que vende frutas y banderas para sobrevivir. Para muchos conductores es una vendedora más, pero detrás de su jornada diaria hay una historia profesional detenida por la burocracia.

Alex estudió para ser enfermera auxiliar y asegura que ya terminó su preparación, pero no ha podido acceder a un empleo formal. “Yo quiero trabajo, yo estudiando enfermería auxiliar, ya terminé, por eso ya quiero trabajo mejor, yo vendo frutas en la calle, vendo banderas también, yo soy enfermera auxiliar”, relató.

Su caso refleja la situación de miles de solicitantes de asilo en Baja California, donde una parte importante de esta población es de origen haitiano. Además de enfrentar barreras como el idioma, la discriminación y la falta de redes de apoyo, muchas personas también se topan con obstáculos legales que les impiden trabajar de manera regular.

De acuerdo con Belén Barrera, directora de ACNUR en Baja California, desde 2023 el Instituto Nacional de Migración suspendió la emisión de las tarjetas de visitante por razones humanitarias, documento que por ley deberían recibir las personas solicitantes de asilo en México y que les permite acceder a un empleo formal.

Sin esa tarjeta, la integración se vuelve un proceso casi imposible. Aunque algunas personas reciben una CURP, organizaciones civiles advierten que eso no es suficiente para completar otros trámites indispensables, como obtener un RFC o un número de seguro social.

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Claudia Portela, administradora del Proyecto Salesiano en Tijuana, explicó que las personas solicitantes de refugio atraviesan un proceso poco amable. Señaló que, al no contar con la tarjeta de visitante, no pueden avanzar en trámites laborales básicos, lo que las deja fuera del empleo formal y las empuja a buscar ingresos en la calle.

La historia de Alex muestra el rostro humano de esta crisis. No se trata solo de cifras migratorias ni de trámites pendientes, sino de personas preparadas y dispuestas a aportar a la comunidad, pero frenadas por un documento que no llega.

Mientras México se presenta como país de refugio para quienes huyen de la violencia y la persecución, en la frontera norte persiste un muro burocrático invisible que limita el acceso a una vida digna. En Tijuana, la comunidad haitiana sigue buscando oportunidades, pero muchas veces lo hace desde la informalidad, la incertidumbre y la espera.

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