El Gobierno de México anunció que el uso de teléfonos celulares, tabletas y otros dispositivos digitales quedaría restringido en las escuelas primarias y secundarias del país, tanto durante las clases como en los periodos de recreo.
La medida surgió después de un proceso nacional de consulta y discusión encabezado por la Secretaría de Educación Pública, en el que participaron autoridades educativas, docentes y especialistas.
Los nuevos lineamientos establecieron que los estudiantes podrían llevar sus teléfonos a la escuela, pero tendrían que mantenerlos guardados durante la jornada escolar. Su utilización quedaría reservada para situaciones de emergencia o casos particulares contemplados por las autoridades educativas.
La restricción se concentró en estudiantes de primaria y secundaria. Para el nivel medio superior se contemplaron reglas diferenciadas de acuerdo con cada plantel, mientras que las instituciones de educación superior mantuvieron autonomía para establecer sus propios criterios.
La decisión también tomó en cuenta la opinión de docentes consultados sobre el impacto de estas tecnologías dentro de las aulas. Entre las principales preocupaciones estuvieron las distracciones, las interrupciones en las actividades escolares y la reducción de la convivencia entre estudiantes.
La presidenta Claudia Sheinbaum había señalado que la intención no consistió en impedir que los estudiantes tuvieran un teléfono, sino en limitar su uso cotidiano dentro de las aulas y durante los recreos.
La disposición marcó así un cambio en la relación entre tecnología y educación básica en México, con el objetivo de reducir distracciones, recuperar espacios de convivencia y promover un uso más controlado de celulares y tabletas dentro del entorno escolar.


















