San Diego, Ca.- La tensión entre el comercio formal y la venta ambulante enciende las alarmas en National City y Chula Vista. Locatarios de la zona piden un ‘piso parejo’ a las autoridades frente a un modelo de negocio que opera sin regulación ni impuestos.
Mantener las puertas abiertas de un restaurante hoy en día representa una batalla constante contra la inflación, el alza de las rentas y los elevados costos operativos. Sin embargo, para varios empresarios en Chula Vista, el reto más complejo proviene directamente de la calle.
Propietarios de establecimientos locales han levantado la voz mediante una denuncia ciudadana para señalar el incremento de vendedores ambulantes no autorizados que operan en estacionamientos y banquetas.
A diferencia de un negocio establecido —que debe asumir nómina, impuestos, seguros, licencias sanitarias y rentas elevadas—, el comercio informal opera desde vehículos o puestos improvisados.
Al ofrecer comida rápida como burritos y bebidas a costos reducidos, generan una competencia desleal que impacta de manera directa el flujo de clientes del comercio formal.
A esta disparidad se suma el factor digital: la mayoría de estos vendedores se promociona a través de Facebook Marketplace y grupos comunitarios sin invertir un solo dólar en publicidad, alcanzando a cientos de consumidores locales a costo cero.
Los comerciantes formales destacan que entienden la necesidad de las familias por generar ingresos y que el sol sale para todos. No obstante, recalcan que la falta de supervisión crea un desequilibrio económico insostenible.
Por ello, hacen un llamado urgente a las autoridades de Chula Vista para regular la venta ambulante, fijar límites claros y proteger la inversión de los comercios que sostienen la economía local.

















