Lo que empezó como un día normal de trabajo terminó en una pesadilla para Alberto Aguilar, ciudadano estadounidense que fue cruzado a la fuerza desde Los Ángeles a Tijuana por un conocido y recluido sin consentimiento en un centro de rehabilitación llamado CREAD. Aguilar denunció que fue víctima de maltratos, tortura física, humillaciones y privación ilegal de la libertad por parte del personal del centro.
Según testimonios, fue golpeado, desnudado, atado y sometido a protocolos invasivos sin consentimiento, mientras se le negaban llamadas y se le castigaba por exigir sus derechos. El activista Alberto Rivera, quien ayudó a rescatarlo, afirma que este caso no es aislado: existen cientos de estadounidenses internados en Baja California contra su voluntad, parte de una red opaca de tratamientos pagados por familiares desde EE.UU., sin conocer los métodos inhumanos que se practican.
Aguilar logró regresar a Estados Unidos tras pasar cuatro meses recluido y después de recibir ayuda en un albergue para migrantes. El consulado de EE.UU. en Tijuana expidió documentos para su retorno, pero el caso ha encendido alarmas sobre la falta de regulación y supervisión en estos centros, especialmente cuando están vinculados a ciudadanos extranjeros.












