El exsecretario de Seguridad Pública Alberto Capella Ibarra planteó que toda desaparición debe ser atendida como una prioridad inmediata por parte de las autoridades, al advertir que cada caso representa una emergencia que no puede perderse entre trámites, tiempos muertos o respuestas burocráticas.
En su editorial titulado “Toda desaparición debería ser una papa caliente”, Capella señaló que la desaparición de una persona debe generar presión institucional desde el primer momento, no solo por la gravedad del hecho, sino por el impacto directo que tiene en las familias y por la posibilidad de que una reacción temprana marque la diferencia en la búsqueda.
El exfuncionario subrayó que este tipo de casos no deben ser tratados como expedientes comunes. Desde su perspectiva, una desaparición debe movilizar a policías, fiscalías, áreas de inteligencia, autoridades locales y estatales, con coordinación real y sin evasión de responsabilidades.
La expresión “papa caliente” fue utilizada como una crítica a la forma en que muchas veces las instituciones buscan deslindarse, retrasar decisiones o transferir responsabilidades. Para Capella, el sentido debería ser el contrario: que cada desaparición incomode al poder, active recursos y obligue a todos los niveles de gobierno a actuar.
El mensaje también colocó en el centro a las familias de las víctimas. Capella planteó que quienes buscan a una persona desaparecida no deberían cargar solos con la investigación, la presión pública y la exigencia de respuestas. La autoridad, dijo en esencia, debe acompañar, orientar y responder con acciones concretas.
La reflexión apunta a una falla estructural: la distancia entre los protocolos escritos y la respuesta real en territorio. Aunque existen mecanismos de búsqueda, el reto está en que se apliquen con rapidez, coordinación y sensibilidad frente a cada caso.
El editorial de Capella pone sobre la mesa una exigencia clara: ninguna desaparición debe normalizarse. Cada reporte implica una vida en riesgo, una familia en incertidumbre y una obligación institucional que no admite indiferencia.
Más que una opinión sobre un caso específico, el mensaje funciona como un llamado a replantear la respuesta pública frente a las desapariciones. Para Capella, cada minuto cuenta y cada autoridad involucrada debe asumir que una persona desaparecida no es un dato más, sino una emergencia que debe mantenerse en el centro hasta encontrar respuestas.




















