Las largas filas para cruzar de Tijuana hacia Estados Unidos se convirtieron en un problema que va más allá de la movilidad y que afecta directamente la productividad, la economía y la calidad de vida de miles de personas que diariamente se desplazan entre ambos lados de la frontera. Autoridades y legisladores plantearon la necesidad de construir una estrategia binacional que permita reducir los tiempos de espera en las garitas de San Ysidro y Otay.
Para trabajadores, estudiantes y familias transfronterizas, cruzar hacia San Diego puede representar varias horas adicionales cada día. Las demoras en los puertos de entrada continúan generando congestionamiento en Tijuana y complicaciones para quienes dependen del cruce frecuente hacia California.
Pedro Montejo Peterson, secretario de Economía de Tijuana, señaló que una parte importante de los vehículos utiliza programas de cruce agilizado. Explicó que alrededor del 40% cuenta con SENTRI y otro 40% utiliza Ready Lane, mientras una proporción menor corresponde a los carriles de tráfico general.
El funcionario destacó que SENTRI puede registrar tiempos hasta cinco veces más rápidos que Ready Lane, aunque reconoció que la velocidad con la que avanzan las filas depende principalmente de las condiciones operativas del lado estadounidense.
Montejo Peterson explicó que factores como la cantidad de personal disponible, su capacitación y el número de casetas abiertas influyen directamente en los tiempos de espera. Del lado mexicano, agregó, las autoridades pueden concentrarse en mantener el orden vial y garantizar la seguridad de quienes diariamente se dirigen hacia los cruces internacionales.
Pero las horas perdidas en las garitas también representan un fuerte impacto económico para toda la región.
La diputada federal por Baja California Ana Karina Santana señaló que algunas personas pueden acumular hasta seis horas diarias en filas, situación que se multiplica durante una semana laboral para quienes cruzan constantemente hacia San Diego.
La legisladora hizo referencia a estimaciones de SANDAG que colocaron en aproximadamente 3 mil 400 millones de dólares el impacto relacionado con las horas-hombre desperdiciadas, reflejando el costo que los congestionamientos fronterizos generan para una economía profundamente conectada entre Baja California y el sur de California.
Ante esta situación, Santana planteó la creación de una mesa de trabajo binacional que permita analizar los horarios con mayor demanda y aumentar la capacidad operativa de los cruces durante esos periodos.
La estrategia requeriría coordinación entre autoridades mexicanas y estadounidenses, incluyendo organismos regionales, autoridades aduaneras, representantes legislativos y dependencias responsables del transporte y la seguridad fronteriza.
El objetivo sería establecer mecanismos que permitan coordinar horarios, aumentar la apertura de carriles y mejorar la capacidad de atención durante los periodos de mayor flujo, reduciendo así el tiempo que miles de personas permanecen diariamente en espera.
Mientras no exista una estrategia coordinada entre ambos países, las largas filas continuarán representando no solamente un problema de tránsito, sino una pérdida de productividad, competitividad y tiempo para una comunidad Cali-Baja cuya vida económica y familiar depende diariamente de la frontera.


















