Conalep Tijuana II se convirtió en un espacio de integración para jóvenes de origen haitiano que encontraron en la educación una oportunidad para continuar sus estudios y construir una nueva etapa de vida en la frontera. El plantel impulsó un modelo de acompañamiento que buscó superar las barreras del idioma y fortalecer la convivencia entre estudiantes migrantes y alumnos tijuanenses.
Durante la última década, Tijuana recibió a miles de personas procedentes de Haití que llegaron a la ciudad como parte de diferentes movimientos migratorios. Algunas familias permanecieron en la región y comenzaron nuevos proyectos personales, laborales y educativos, mientras sus hijos buscaron incorporarse a las escuelas de Baja California.
En Conalep Tijuana II, la integración de estudiantes haitianos representó inicialmente un reto por las diferencias lingüísticas y culturales, pero el proceso avanzó paulatinamente con el apoyo de docentes, directivos y compañeros. Martha Arévalo, directora del plantel, destacó que brindar acceso a la educación permitió ofrecer una alternativa a jóvenes que habían enfrentado circunstancias difíciles antes de llegar a México.
Estudiantes como Dens Lai encontraron dentro del plantel un ambiente que describieron como cercano a una familia. El joven reconoció la oportunidad que recibió para continuar su preparación académica en México y destacó la convivencia que mantuvo con sus compañeros mexicanos.
Alexandra, otra estudiante de origen haitiano, también encontró en Conalep una oportunidad para desarrollarse en el área de Informática, además de un entorno que le brindó mayor seguridad y acompañamiento. La convivencia con otros estudiantes haitianos y mexicanos fortaleció redes de apoyo que facilitaron su adaptación dentro y fuera de las aulas.
El proceso formó parte de un esfuerzo más amplio de inclusión educativa en Baja California. Conalep BC atendió a estudiantes provenientes de países como Haití, Venezuela, Ecuador, Guatemala y Estados Unidos, quienes cursaron principalmente carreras técnicas de Administración e Informática y recibieron apoyo relacionado con el idioma y el reforzamiento de competencias académicas.
Sandra Aguilera, responsable de Vinculación de Conalep, explicó que las primeras generaciones enfrentaron mayores dificultades por la barrera lingüística, pero señaló que la adaptación mejoró conforme aumentó la convivencia. El plantel también trabajó en proyectos de acompañamiento entre alumnos locales y migrantes para facilitar su integración y promover el respeto, la responsabilidad y la colaboración.
La experiencia de Conalep Tijuana II mostró cómo la educación funcionó como un punto de encuentro en una ciudad marcada por la movilidad y la diversidad cultural. El acompañamiento entre estudiantes permitió que la inclusión avanzara más allá de las aulas y dejó como objetivo fortalecer un modelo en el que jóvenes migrantes encontraron herramientas para continuar sus estudios y construir nuevas oportunidades en Tijuana.


















