Autoridades de Los Ángeles informaron nuevos avances en la recuperación por el incendio registrado en el almacén de Lineage en Boyle Heights, donde comenzó el retiro de 85 millones de libras de restos de comida en descomposición mientras continuaron las pruebas ambientales, el control de plagas y la entrega de recursos para residentes afectados.
La alcaldesa Karen Bass señaló que los riesgos ambientales derivados de desastres industriales impactaron con mayor fuerza a comunidades como Boyle Heights. La funcionaria aseguró que los responsables serían llamados a rendir cuentas y que la recuperación debía responder a las necesidades de las familias y negocios de la zona.
La concejala Ysabel Jurado advirtió que la crisis no terminó con la reducción del incendio, ya que residentes, trabajadores, estudiantes y pequeños negocios continuaron enfrentando olores, plagas, tránsito de camiones e incertidumbre. También pidió que el proceso de limpieza fuera seguro, transparente y responsable ante la comunidad.
El incendio fue declarado en emergencia local el 20 de junio, medida que posteriormente fue acompañada por una declaración estatal. Esa acción permitió movilizar recursos y activar apoyo de distintos cuerpos de bomberos de la región, mientras el Departamento de Bomberos de Los Ángeles mantuvo vigilancia permanente en el sitio.
Lineage y sus contratistas iniciaron el traslado de los restos alimentarios el domingo 28 de junio. El material fue enviado a vertederos fuera de Los Ángeles, en los condados de Ventura y Riverside, mediante rutas diseñadas para evitar calles residenciales y reducir el impacto del paso constante de camiones.
La empresa estimó que serían necesarios alrededor de 5,000 camiones para retirar los residuos del almacén. Durante el proceso, también se probaron medidas de mitigación de olores, entre ellas el uso de dióxido de cloro como desodorizante, nebulizadores dentro del edificio y tratamientos a cada camión antes de salir del lugar.
Las autoridades también reforzaron el monitoreo de calidad del aire en escuelas y puntos cercanos al sitio, con mediciones de partículas finas, amoníaco, dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, compuestos orgánicos volátiles y otros indicadores. Además, el Departamento de Agua y Energía de Los Ángeles informó que las pruebas realizadas indicaron que el agua del grifo era segura para la comunidad de Boyle Heights.
El control de plagas fue atendido tanto por contratistas de Lineage como por personal contratado por la ciudad, con trampas alrededor del perímetro del almacén y en calles residenciales cercanas. Las autoridades indicaron que el monitoreo se mantendría varias veces al día y que los ajustes dependerían de la evolución del problema.
La ciudad también habilitó el Centro de Recursos Comunitarios Lou Costello Jr., donde residentes y negocios pudieron acceder a purificadores de aire, mascarillas, alimentos, ayuda financiera, servicios de salud y apoyo para recuperación. La asistencia se complementó con transporte gratuito adicional en la ruta DASH de Boyle Heights y apoyo de organizaciones comunitarias.
Como medida preventiva, varios centros escolares fueron trasladados temporalmente a sedes alternas hasta el 2 de julio. La recuperación continuó bajo supervisión de agencias municipales, estatales y comunitarias, mientras Boyle Heights exigió respuestas claras, protección ambiental y seguimiento a largo plazo por los daños derivados del incendio.





















