Algunos cruzan la frontera diariamente para ahorrar cientos de dólares en renta, aunque enfrentan largas jornadas y extenuantes traslados
Para una porción cada vez mayor de trabajadores en San Diego, pagar el alquiler implica salir del país cada noche. En lugar de habitaciones compartidas al norte de la frontera, optan por pequeños locales en Tijuana por unos cientos de dólares al mes y regresan al amanecer para cumplir sus turnos.
El ahorro resulta significativo, pero conlleva alarmas tempranas, horas de traslado y cruces internacionales que se sienten como un último recurso. Para algunos su rutina inicia a las dos de la mañana para llegar al trabajo a las seis, mientras otros reducen sus gastos de mil 200 a cuatrocientos dólares mensuales, y otros pasan de dos mil 100 a quinientos cincuenta dólares al compartir vivienda.
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Esta tendencia responde a la presión del mercado. La renta mediana en el área metropolitana ronda los tres mil 100 dólares, ubicando a San Diego entre las ciudades más caras del país. El fenómeno afecta especialmente a empleados de servicios y salarios bajos, quienes aceptan la vida binacional como única forma de mantenerse a flote.
El trayecto suele incluir Uber hasta la frontera, cruce peatonal y luego transporte público hacia el interior de San Diego. Aunque genera cansancio y complica la vida diaria, la mayoría considera que el menor costo de vivienda compensa los inconvenientes.








