Baja California

Deportaciones y falta de empleo aumentan la población en situación de calle en Tijuana

El número de personas que viven en las calles de Tijuana ha aumentado de manera visible, especialmente en zonas cercanas al centro de la ciudad, donde cada vez es más común observar campamentos improvisados con casas de campaña, cartón y materiales reutilizados.

Organizaciones dedicadas a la atención de población vulnerable advierten que la deportación desde Estados Unidos es uno de los factores que alimenta esta crisis, aunque no es la única causa. A ella se suman la falta de empleo, la violencia, el desplazamiento interno y la ausencia de redes familiares en México.

Claudia Portela, administradora del Proyecto Salesiano, señaló que el crecimiento de estos asentamientos ya puede constatarse en distintos puntos de la ciudad. Explicó que muchas personas recurren a refugios improvisados como única alternativa para protegerse del frío, el calor y la lluvia.

Un estudio realizado entre quienes acudían al desayunador de la organización encontró que una parte importante eran personas deportadas. Muchas habían vivido durante años en Estados Unidos y, tras ser retornadas, quedaron separadas de sus esposas, hijos y otros familiares.

La edad, la falta de documentos locales y la ausencia de contactos dificultan su incorporación al mercado laboral, lo que provoca que algunas personas permanezcan durante meses o años en condiciones de extrema precariedad.

A esta situación se suma el desplazamiento de quienes anteriormente vivían en la canalización del río Tijuana. Los operativos de limpieza retiraron campamentos de esa zona, pero no resolvieron las causas que llevaron a sus ocupantes a vivir allí.

Mark Rivera, director de Enfermeros Tácticos del Bordo, explicó que muchas personas fueron dispersadas hacia otros sectores de la ciudad. Al mismo tiempo, nuevos grupos continúan llegando a Tijuana por razones migratorias o huyendo de la violencia en otras regiones de México.

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Aunque la ciudad cuenta con albergues, comedores y organizaciones de asistencia, la capacidad disponible no siempre corresponde con la magnitud de la demanda. También existen personas que no ingresan a estos espacios por problemas de salud mental, consumo de sustancias, separación de mascotas o dificultades para cumplir con determinadas reglas.

La crisis no se limita a la falta de vivienda, ya que también involucra atención médica, identificación oficial, empleo, reunificación familiar y acompañamiento psicológico. Sin una intervención integral, muchas personas permanecen atrapadas en un ciclo de exclusión que resulta difícil superar.

Entre deportaciones, desplazamientos y falta de oportunidades, cientos de personas continúan sobreviviendo en las calles de Tijuana. Para ellas, la frontera representa un punto de llegada sin condiciones suficientes para comenzar de nuevo.

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