Autoridades federales de Estados Unidos emitieron una alerta a corporaciones policiales de California ante un escenario de represalia iraní con drones, en el contexto de la escalada militar entre Washington, Israel y Teherán. La advertencia —revisada por medios estadounidenses— plantea que desde febrero existía inteligencia según la cual Irán aspiraba a ejecutar un ataque sorpresivo con vehículos no tripulados lanzados desde una embarcación no identificada frente a la costa estadounidense, con posibles objetivos en California si Estados Unidos golpeaba territorio iraní. El aviso no fija fecha, método confirmado ni blancos concretos, por lo que se maneja como amenaza potencial y no como ataque inminente.
El punto central de la alerta es preventivo: el FBI no habló de una operación en marcha, sino de una hipótesis de retaliación que elevó la vigilancia sobre puertos, infraestructura crítica y cuerpos de seguridad en la costa oeste. En paralelo, evaluaciones del Departamento de Seguridad Nacional ya advertían que Irán y sus aliados podrían representar una amenaza de ataques selectivos dentro de Estados Unidos, aunque un atentado físico de gran escala se considera menos probable. Aun con ese contexto, el presidente Donald Trump declaró este miércoles que no estaba preocupado por una represalia iraní en suelo estadounidense, una combinación de mensajes que refleja la doble línea oficial: protocolos de prevención por parte de agencias, y contención del tono desde la Casa Blanca para no alimentar alarma pública.
Mientras tanto, la crisis se concentra en el estrecho de Ormuz, una arteria por la que normalmente circula cerca de una quinta parte del petróleo crudo y del gas natural licuado del mundo. Datos citados por Reuters indican que el tránsito diario de buques tanque cayó a cero el 5 de marzo, después de registrar 37 embarcaciones el 27 de febrero, un desplome que evidencia el freno total de la navegación por uno de los puntos más sensibles del comercio global. En este escenario, Irán elevó la presión verbal con advertencias sobre un posible petróleo a 200 dólares por barril, al tiempo que se reportaron ataques a embarcaciones en aguas del Golfo.
La dimensión económica ya no es teórica. Reuters informó que tres barcos fueron alcanzados el miércoles y que el número de buques mercantes golpeados desde el inicio de la guerra subió a 14, mientras la Agencia Internacional de Energía recomendó liberar 400 millones de barriles de reservas estratégicas globales, la mayor intervención de este tipo registrada, para contener uno de los peores choques petroleros desde la década de 1970. Aun así, la misma evaluación advierte que ese volumen cubriría solo una parte del flujo que normalmente pasa por Ormuz, dejando en riesgo no solo el precio del crudo, sino también seguros marítimos, transporte, fertilizantes, alimentos y cadenas de suministro que dependen del Golfo.
En el plano militar, Estados Unidos confirmó otra fase del choque directo en Ormuz al señalar que sus fuerzas “eliminaron” 16 embarcaciones iraníes dedicadas a colocar minas cerca de la ruta. Según Reuters, el Pentágono también atacó instalaciones de almacenamiento de minas, mientras la industria naviera mantiene presión para contar con escoltas militares, en un entorno que sigue expuesto a drones, misiles o nuevos minados. Al mismo tiempo, Irán amplió su ofensiva con ataques que, según Associated Press, alcanzaron puertos, vuelos e infraestructura vinculada a la región del Golfo, incluyendo reportes sobre afectaciones a rutas comerciales y un fuerte trastorno en la aviación regional. En conjunto, la señal es clara: la guerra ya no se limita a intercambios entre actores principales; ahora golpea la logística y la economía de vecinos del Golfo y empuja al mundo a una crisis energética y de seguridad en tiempo real.












