La región capital de China enfrenta una catástrofe climática tras recibir en pocos días casi la misma cantidad de lluvia que en todo un año, provocando inundaciones y deslizamientos que ya han dejado al menos 38 muertos, la mayoría en Beijing y Hebei, según medios estatales. Las zonas más afectadas, como Miyun y Yanqing, han quedado aisladas, sin electricidad y con decenas de comunidades incomunicadas.
La magnitud de la emergencia ha obligado al presidente Xi Jinping a declarar que el país atraviesa una fase “crítica” de su temporada de lluvias, exigiendo a los gobiernos locales que prioricen el rescate de vidas humanas. Más de 80,000 personas han sido evacuadas, y el gobierno central ha destinado 48 millones de dólares en fondos de emergencia. Vecinos describen cómo el agua arrasó con casas, vehículos y pertenencias: “Si no hubiéramos subido al techo, estaríamos muertos”, relató un sobreviviente de 70 años.
A pesar de que Beijing ha reducido su alerta por tormentas, el panorama no mejora: el este del país se prepara para el impacto del tifón Co-may, que podría agravar aún más la situación.
















