El panorama económico de San Diego al inicio de 2026 muestra una realidad cruda: aunque los salarios han subido, el costo de la vivienda ha avanzado más rápido. Según datos de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense, los ingresos familiares aumentaron un 27% entre 2019 y 2024, pero los costos de vivienda escalaron un 29%, borrando cualquier beneficio real para miles de residentes.
Esta disparidad ha creado una crisis de asequibilidad que afecta desproporcionadamente a los inquilinos. En 2024, se informó que el 54% de los hogares que rentan, destinan más del 30% de sus ingresos brutos únicamente al pago de vivienda.
Esta presión financiera está provocando un fenómeno de migración, donde adultos jóvenes y familias abandonan el condado en busca de zonas más económicas, lo que afecta la disponibilidad de mano de obra y la matrícula escolar local.
Ante esto, el condado tiene la meta de planificar 171,685 nuevas viviendas para 2029, aunque los expertos advierten que sólo una construcción masiva y sostenida podrá aliviar la carga financiera que hoy asfixia a la mitad de la población.
Entre los propietarios, el 30% se encuentra en la misma situación, lidiando con hipotecas elevadas en un mercado donde el ingreso medio ronda los $109,000 dólares.
La brecha se explica, en parte, por un mercado laboral dividido: mientras los sectores de tecnología, defensa y biotecnología han impulsado los promedios salariales hacia arriba, los trabajadores de servicios y hotelería han quedado rezagados.


















