San Diego

Exagente recibe prisión por fuerza excesiva

El exagente del Sheriff del Condado de San Diego, Jeremiah Manuyag Flores, fue sentenciado en corte federal a 57 meses de prisión por violar los derechos civiles de una persona detenida antes de juicio, al usar fuerza excesiva que le provocó una lesión en la columna y después mentir en un reporte para encubrir lo ocurrido.

De acuerdo con la investigación, Flores empujó innecesariamente por la espalda a la víctima, identificada con las iniciales J.P., mientras tenía las piernas encadenadas y las manos sujetas a la cintura. El impacto provocó que el detenido saliera proyectado dentro de su celda, golpeara de cabeza contra una pared y cayera al suelo con una fractura en la columna vertebral.

Tras el incidente, Flores no proporcionó atención médica ni reportó el uso de fuerza a un supervisor, como lo exige la política del Departamento del Sheriff. Como consecuencia, la víctima permaneció en el piso de la celda, junto a un charco de sangre, durante más de dos horas antes de que otro agente descubriera sus lesiones.

El caso también incluyó un intento de encubrimiento. Cuando Flores recibió la instrucción de elaborar un reporte sobre su interacción con J.P., escribió varias declaraciones falsas, entre ellas que “no se usó fuerza”.

En diciembre de 2025, un jurado federal tardó apenas dos horas en declarar culpable a Flores de los dos cargos presentados en su contra: privación de derechos bajo autoridad oficial y falsificación de registros en una investigación federal.

Durante la audiencia, la Fiscalía federal destacó la enorme diferencia de poder entre el exagente y la víctima, quien no tenía posibilidad de protegerse debido a las restricciones físicas que llevaba puestas. El fiscal señaló que no hubo resistencia ni escalamiento que justificara el uso de fuerza.

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Antes de dictar sentencia, la jueza federal Linda Lopez subrayó que la ciudadanía no puede ver lo que ocurre dentro de las cárceles y depende de que los oficiales hagan lo correcto. También señaló que Flores no solo usó fuerza excesiva, sino que después dijo a otro agente que “no pasó nada” e ignoró varias oportunidades para ayudar al detenido.

La jueza calificó la conducta como grave y recordó una imagen de vigilancia en la que Flores aparecía alejándose de la celda de la víctima sonriendo después del incidente.

La Fiscalía federal y el FBI señalaron que la sentencia refleja la importancia de exigir responsabilidad cuando un oficial abusa de su autoridad y viola derechos constitucionales. El caso fue presentado como un recordatorio de que el uso indebido de poder dentro de instituciones de seguridad puede tener consecuencias penales severas.

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