San Diego | La cocaína sigue siendo una de las drogas más valiosas económicamente para el narcotráfico en Estados Unidos, aunque ya no sea la más letal ni la más traficada en volumen.
El valor de un kilo de cocaína puede ir desde 10 mil hasta 30 mil una vez que cruza la frontera.
Esta semana, la tripulación de la Guardia Costera estadounidense Active, descargó 27 mil libras de cocaína, con un valor estimado superior a $203 millones de dólares, en la Terminal de la Calle 10, tras una serie de operativos realizados en aguas internacionales del océano Pacífico.
La droga incautada es el resultado de tres intercepciones separadas, llevadas a cabo desde octubre en aguas internacionales frente a Centro y Sudamérica, dentro de la Operación Pacific Viper, una ofensiva enfocada en desarticular redes criminales transnacionales y frenar el flujo de narcóticos hacia territorio estadounidense.
Dos de los operativos fueron ejecutados por la tripulación Active, mientras que el tercero de la tripulación Munro, que a principios de diciembre logró detener una lancha rápida con más de 20 mil libras de cocaína, estableciendo la mayor incautación en una sola embarcación en casi 20 años. Como resultado de estas acciones, 12 personas fueron arrestadas y enfrentan procesos federales por tráfico de drogas.
Autoridades federales explicaron que los cárteles han intensificado el uso de lanchas tipo panga de alta velocidad de hasta 60 millas por hora, capaces de transportar cargamentos pesados a gran velocidad. El contralmirante Jeffrey Novak, subcomandante del Área del Pacífico, explicó que han reforzado las tácticas de interdicción, incluyendo apoyo aéreo para detener embarcaciones que intentan evadir a las autoridades.
Este decomiso representa la quinta descarga masiva de cocaína en San Diego desde febrero, acumulando más de $650 millones de dólares en droga asegurada durante ese periodo.
De acuerdo con datos federales, actualmente el 80% de las drogas incautadas por el Departamento de Seguridad Nacional se interceptan en el mar, una señal clara de que las organizaciones criminales han desplazado sus rutas hacia el Pacífico ante el endurecimiento del control en la frontera terrestre.














