La ciudad de San Diego reforzó sus preparativos ante la posibilidad de una temporada de lluvias marcada por un fenómeno de El Niño de gran intensidad, con trabajos de limpieza en canales pluviales y una campaña de prevención dirigida a residentes.
Las autoridades concentraron esfuerzos en las zonas consideradas de mayor riesgo, especialmente canales y sistemas de drenaje donde la acumulación de basura, sedimentos y vegetación podría dificultar el paso del agua durante tormentas intensas.
El Departamento de Aguas Pluviales recibió un millón de dólares adicionales para ampliar trabajos de mantenimiento, incluyendo retiro de vegetación y escombros en canales utilizados para controlar inundaciones.
La ciudad también integró un grupo de trabajo especializado para coordinar diferentes departamentos municipales y mejorar la respuesta ante posibles inundaciones, árboles caídos, vialidades cerradas y otras emergencias relacionadas con fuertes lluvias.
Parte de las labores incluyó mantener despejados accesos utilizados por equipos de rescate acuático, retirar obstáculos y revisar puntos donde el agua pudiera acumularse rápidamente.
Los preparativos adquirieron mayor relevancia después de las severas inundaciones registradas en enero de 2024, cuando comunidades del sureste de San Diego sufrieron importantes daños y numerosas viviendas resultaron afectadas.
Además del mantenimiento de infraestructura, el gobierno municipal impulsó una campaña para que las familias identificaran si viven en zonas con riesgo de inundación y prepararan planes de emergencia antes de la llegada de las lluvias.
Las autoridades recomendaron mantener documentos, medicamentos y artículos esenciales disponibles, además de evitar conducir o caminar por calles cubiertas de agua durante una tormenta.
San Diego también enfrentó el reto de una infraestructura pluvial que requiere inversiones importantes para su modernización, por lo que las acciones inmediatas se concentraron en mantener operativos los sistemas existentes.
La ciudad continuó acelerando los preparativos para reducir el riesgo de inundaciones y mejorar su capacidad de respuesta ante una temporada de lluvias que podría presentar condiciones más intensas de lo habitual.



















