Bajo la nueva política migratoria del presidente Donald Trump, Estados Unidos ha intensificado sus métodos de identificación y deportación de inmigrantes indocumentados. Una de las estrategias más controvertidas incluye el uso de tatuajes como indicio de vínculos con pandillas, lo que ha generado críticas por su carácter estigmatizante y subjetivo.
De acuerdo con agencias como el FBI y la Patrulla Fronteriza, existe una base de datos que recopila miles de símbolos, imágenes y grafitis, los cuales son utilizados para detectar indicios de afiliación a organizaciones delictivas. Entre los diseños considerados sospechosos se encuentran coronas de cinco puntas, rosas, locomotoras, felinos depredadores, estrellas en los hombros e incluso el número 23 asociado a Michael Jordan. Esta metodología ha sido especialmente aplicada en Texas, donde autoridades aseguran que buscan frenar el ingreso de criminales como parte del plan de deportaciones masivas.
Sin embargo, activistas y abogados migratorios han denunciado el uso de estos tatuajes como pruebas insuficientes y discriminatorias.













