Visitantes y residentes estadounidenses continuaron eligiendo Baja California para viajar, vivir y realizar actividades cotidianas, aun cuando el gobierno de Estados Unidos mantuvo una advertencia de viaje para la entidad por riesgos relacionados con delincuencia, secuestros y violencia de grupos criminales. En destinos como Tijuana y Rosarito, ciudadanos consultados aseguraron que su experiencia personal contrastó con la percepción de inseguridad proyectada desde el exterior.
El Departamento de Estado mantuvo a Baja California en nivel 3, correspondiente a “reconsiderar el viaje”, y advirtió sobre enfrentamientos entre organizaciones criminales en zonas fronterizas y elevados índices de homicidios en sectores no turísticos de Tijuana.
Sin embargo, el propio aviso estadounidense señaló que no existieron restricciones adicionales para empleados del gobierno de Estados Unidos en Tijuana, Rosarito y Ensenada, mientras las limitaciones específicas de desplazamiento se concentraron en áreas del Valle de Mexicali.
En ese contexto, ciudadanos estadounidenses que permanecieron regularmente en la región aseguraron que continuaron sintiéndose cómodos al visitar Baja California. Ricardo Valenzuela, residente estadounidense entrevistado en Rosarito, afirmó que había frecuentado tanto esa ciudad como Tijuana sin enfrentar problemas de seguridad y recordó que situaciones delictivas también ocurrieron al norte de la frontera.
La costa bajacaliforniana también mantuvo atractivo entre extranjeros que encontraron costos de vida distintos, servicios médicos, gastronomía, clima y cercanía con el sur de California como factores que facilitaron permanecer durante temporadas prolongadas o establecer parte de su vida en México.
Profesionales que atendieron diariamente a población extranjera observaron ese fenómeno de manera constante. La doctora María Elena Jardón señaló que había conversado con pacientes estadounidenses interesados en permanecer en México y atribuyó parte de esa decisión a factores económicos y a la calidad de vida que percibieron en la región.
Desde el ámbito cultural, la escritora Gizelle Meza reconoció que amenazas o situaciones extraordinarias de seguridad debieron ser tomadas con seriedad, pero consideró que la imagen generalizada de Baja California como un territorio extremadamente peligroso no siempre coincidió con la experiencia cotidiana de quienes residieron o visitaron las principales zonas urbanas y turísticas.
Las advertencias emitidas por gobiernos extranjeros funcionaron como herramientas preventivas y no significaron una prohibición general para viajar a la entidad. Las autoridades estadounidenses recomendaron mantenerse en carreteras principales, evitar áreas remotas y permanecer atentos al entorno.
La actividad cotidiana de visitantes y residentes estadounidenses continuó mostrando una relación fronteriza marcada por el movimiento constante entre ambos países, mientras las alertas oficiales permanecieron como un factor que viajeros debieron considerar junto con su experiencia personal, las condiciones específicas de cada zona y las recomendaciones de seguridad vigentes.


















