Una joven binacional identificada como Dana se convirtió en una de las primeras beneficiadas por el arranque del Programa de Acceso Coordinado implementado por Aduanas y Protección Fronteriza, un esquema que habilitó un carril peatonal para estudiantes con el objetivo de facilitar el ingreso a Estados Unidos por las garitas de San Ysidro y Otay.
El inicio de operaciones del programa representó un cambio importante para estudiantes que durante meses o años enfrentaron largos tiempos de espera para cruzar la frontera rumbo a sus escuelas y trabajos. En el caso de Dana, la nueva modalidad le permitió reducir una rutina que normalmente le exigía levantarse con mucha anticipación para poder llegar a tiempo a sus actividades académicas.
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Dana, estudiante de diseño gráfico en Southwestern College, relató que sus cruces diarios solían tomar entre una hora y una hora con 40 minutos, dependiendo del día y de la hora en que saliera de casa. También explicó que, además de estudiar, trabaja del otro lado de la frontera, una combinación que volvía todavía más complicada su dinámica cotidiana.
El programa fue diseñado para beneficiar a miles de estudiantes binacionales que se trasladaban de manera frecuente hacia instituciones como UC San Diego, San Diego State University y Southwestern College, entre otras. La meta del nuevo acceso fue agilizar el cruce en una comunidad estudiantil que históricamente enfrentó largas filas y desgaste físico por las esperas diarias.
De acuerdo con la información compartida, las y los estudiantes podían integrarse al programa a través de una liga en CBP Link, mientras que el carril operaría de lunes a viernes, de 6:00 de la mañana a 10:00 de la mañana. Esa franja horaria buscó responder a uno de los momentos de mayor demanda para quienes debían llegar temprano a clases universitarias o actividades laborales.
Dana señaló que el programa podía representar una verdadera transformación para la comunidad estudiantil fronteriza. Comentó además que estaba por cumplir un año cruzando todos los días y consideró que esta nueva modalidad abría una posibilidad distinta para quienes combinaban escuela, trabajo y traslados extenuantes entre Tijuana y San Diego.
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El arranque del Programa de Acceso Coordinado abrió una nueva etapa para estudiantes binacionales que dependían del cruce cotidiano para sostener su formación académica, en una región donde la educación y la movilidad transfronteriza continuaron marcando la vida diaria de miles de familias.














