Madres deportadas encuentran en Tijuana una nueva casa junto al muro fronterizo

Las deportaciones desde Estados Unidos marcaron el Día de las Madres para familias que llegaron a Tijuana sin haberlo planeado. A unos metros del muro fronterizo, mujeres deportadas compartieron una misa, flores amarillas y testimonios sobre la separación familiar.

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Marcela fue una de las madres que pasó esta fecha lejos de la vida que había construido en California. Relató que fue deportada hace aproximadamente tres meses, luego de vivir en Ramona, donde fue detenida junto a sus hijas.

“Fui deportada hace unos tres meses, vivía en Ramona. Me agarraron a mí con mis niñas; pasó el bus, pero antes de que pasara ya estaban agentes de ICE esperándome”, contó Marcela, madre deportada.

Para otras mujeres, la llegada a Tijuana representó un cambio abrupto y doloroso. Jesika, quien había vivido por años en California, explicó que buscaba una mejor vida para sus hijas, pero terminó regresando a México después de que un tribunal rechazó su apelación.

“Quería una mejor vida para mis niñas. Aquí en Tijuana no me sentía muy segura de estar”, expresó Jesika, madre deportada.

El albergue Comunidad de Luz recibió a familias que enfrentaron procesos de deportación, separación y reinicio forzado en la frontera. Su director, Roberto Vivar, describió el momento como una realidad difícil, pero también como un espacio de esperanza.

“Es algo amargo dulce: amargo por la separación de las familias que continúa con esas leyes injustas, pero dulce porque siempre hay que tener esperanza y fe en Dios”, señaló Vivar.

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Durante la jornada, madres deportadas participaron en una misa a través de Zoom, recibieron rosas amarillas y compartieron plegarias junto al muro. Para ellas, Tijuana se convirtió en una nueva casa no elegida, pero también en un punto de resistencia, fe y acompañamiento comunitario.

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