En su opinión editorial, Adolfo Solís señala que, si bien la violencia y la corrupción en el país ya parecían haber tocado fondo, la realidad es que estamos lejos de alcanzar ese punto. El gobierno, en lugar de buscar soluciones, ha comenzado a copiar las tácticas intimidatorias de los delincuentes, violando la Constitución y utilizando el poder para amedrentar a la población. Solís advierte que este retroceso no solo pone en peligro el estado de derecho, sino que profundiza la crisis de impunidad y corrupción que sigue afectando al país.

















