El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, rechazó el jueves 3 de septiembre calificar como una “guerra” el conflicto entre Washington e Irán, pese a que los enfrentamientos se acercaron a seis meses y continuaron registrándose ataques en Medio Oriente. La declaración se produjo mientras la administración de Donald Trump enfrentó presión por el aumento del precio del petróleo, la gasolina y el impacto político del conflicto antes de las elecciones legislativas de noviembre.
Vance aseguró durante una conferencia en la Casa Blanca que en ese momento no existieron disparos activos y evitó establecer una fecha para el final de las hostilidades. Sin embargo, Irán atacó Kuwait durante la misma jornada como represalia por una nueva ronda de bombardeos estadounidenses contra territorio iraní.
El vicepresidente defendió las recientes acciones militares de Estados Unidos al señalar que Irán había continuado atacando embarcaciones comerciales que transitaban por el estrecho de Hormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo.
La situación en ese corredor marítimo mantuvo presión sobre los mercados internacionales. El precio del crudo Brent permaneció por encima de 95 dólares por barril, frente a aproximadamente 72 dólares antes del inicio del conflicto, mientras el tránsito de embarcaciones continuó muy por debajo de los niveles registrados antes de los enfrentamientos.
Antes del conflicto, cerca del 20 por ciento del petróleo comercializado mundialmente pasó por el estrecho de Hormuz. La administración Trump sostuvo que la Marina estadounidense había permitido aumentar nuevamente la salida de crudo del Golfo, aunque los datos de tráfico marítimo mostraron que el volumen todavía permaneció lejos de la normalidad.
Trump combinó durante los últimos meses presión económica, operaciones militares y amenazas de nuevas acciones contra Irán, mientras evitó una escalada hacia una ofensiva de mayor magnitud. Al mismo tiempo, su gobierno buscó reducir la preocupación sobre los precios de la energía, un tema que adquirió mayor importancia ante las elecciones legislativas del 3 de noviembre.
La duración del conflicto continuará dependiendo en gran medida de la situación en el estrecho de Hormuz y de los ataques contra embarcaciones comerciales, mientras Washington mantendrá presión sobre Teherán sin establecer por ahora un plazo para poner fin a las hostilidades.


















