La selección de fútbol de Irán dejó Tijuana la mañana del martes 30 de junio, después de 22 días de estancia en la frontera mexicana y de una despedida marcada por lágrimas, muestras de cariño y la presencia de aficionados que llegaron desde las 5:00 de la mañana para decir adiós al equipo.
El avión con destino a Turquía encendió motores alrededor de las 10:45 de la mañana. A bordo viajaron cerca de 70 personas, entre jugadores, cuerpo técnico e integrantes de la delegación iraní, quienes concluyeron así una etapa mundialista que dejó una huella especial en la ciudad.
La despedida reunió a seguidores que acudieron al hotel de concentración y posteriormente al área cercana al aeropuerto para acompañar los últimos momentos de la selección en Tijuana. Algunos llegaron con mensajes, banderas y palabras de apoyo para un equipo que, en menos de un mes, logró construir un vínculo emocional con la comunidad local.
Entre los asistentes, Martha Palacios no pudo contener las lágrimas al explicar lo que significó ver partir al equipo. La aficionada expresó tristeza por las dificultades que enfrentó la selección iraní durante su participación y resumió el sentimiento de muchos presentes con una frase sencilla: “Así somos los mexicanos, estamos muy tristes”.
Más allá del resultado deportivo, la presencia de Irán en Tijuana convirtió al futbol en un punto de encuentro entre culturas. Durante su estancia, la ciudad recibió a jugadores y aficionados en un ambiente de empatía, convivencia y curiosidad por conocer una realidad distinta.
Diana K. Lozano, aficionada al futbol, destacó que la visita de la selección también permitió crear nuevas conexiones personales. La seguidora explicó que, gracias al paso del equipo iraní por la ciudad, conoció a personas y costumbres diferentes, lo que dejó una experiencia humana más allá de la competencia.
La estancia también estuvo marcada por un contexto internacional complejo. Cristian Zúñiga, catedrático de la UABC, señaló que Tijuana volvió a reflejar su papel como una ciudad donde aterrizaron tensiones políticas, migratorias y culturales, pero también donde la respuesta ciudadana mostró una empatía que superó cualquier diferencia.
La selección de Irán se marchó de la frontera mexicana, pero dejó una historia difícil de olvidar para quienes la acompañaron durante 22 días. Su partida cerró un capítulo mundialista escrito entre lágrimas, solidaridad y el sello de una ciudad acostumbrada a recibir al mundo con los brazos abiertos.

















